Mi historia comenzó hace muchos años en las calles de Santiago, Chileentre el ruido de la selva de cemento, los pasos, los vendedores ambulantes y el viento de la urbe .
Allí descubrí mis primeros escenarios: Paseo Ahumada y Plaza de Armasdonde aprendí el antiguo arte de detener a los desconocidos… y convertirlos en público.
Los espacios urbanos fueron mi primera escuela. Plaza de Armas, Estado Street, las peatonales llenas de gente apurada. Algunas veces los espectáculos terminaban con aplausos, otras veces con la policía llevándome detenido. Pero incluso esos días tenían algo mágico: siempre aparecía alguien que se quedaba hasta el final para reír.
Y muchas veces esos alguien venían de muy lejos. Viajeros del mundo que aveces se acercaban después del espectáculo y me decían:
“Karcocha… tienes que cruzar el océano.”
Con apenas 30 euros en el bolsillo crucé el mundo y aparecí en Madrid, sin conocer a nadie. Allí volví a empezar, como hacen los artistas de la calle: con un espacio vacío y mucha imaginación. La calle del Arenal se convirtió en mi nuevo circo, y las calles cerca de la plaza Sol en mi laboratorio de risas.










La gente empezó a grabar mis espectáculos y a compartirlos en YouTube, año 2007 justo cuando el mundo comenzaba a llenarse de cámaras en los bolsillos. Sin buscarlo, mi pequeño teatro callejero empezó a viajar por internet… y de pronto el personaje Karcocha comenzó a aparecer en plazas de muchos países y culturas.
He llevado mi espectáculo los 5 continentes a más de 60 países y cientos de ciudades, actuando en plazas, festivales y calles de lugares donde ni siquiera imaginaba llegar.
Pero en realidad, mi escenario siempre es el mismo:
un círculo de personas,
una calle cualquiera,
y ese momento mágico en que alguien que iba apurado decide quedarse.
Yo soy solo un arlequín viajero que aparece de vez en cuando para recordar algo muy simple:
que la calle puede convertirse en circo,
que los desconocidos pueden convertirse en cómplices,
y que la risa es un idioma que todo el mundo entiende.
Mientras exista una plaza y alguien dispuesto a mirar…





